Un sueño de colores. Pulpo a la gallega. Cervezas por 1€. Barcitos escondidos en el gótico con bartenders uruguayos. Barcelona es realmente alusinante. Las banderas catalanas cuelgan de los balcones junto con la ropa recién lavada. Los mosaicos de Gaudí le roban protagonismo a los de Montaner (ver nombre completo), que te dejan boquiabierto. Las chicas en topless en la Barceloneta, tan relajadas, te hacen sentir que no hay por qué tener complejos con tu cuerpo. Que mostrarlo con orgullo es más normal que ir con shortcito a la playa. Las piñas coladas se van sumando y extrañar tu casa, se va diluyendo. El último día conocí a un porteño. El que me sirvió mi última piña colada del viaje. Me dijo “Barcelona es hermosa, pero vivir acá es una tortura. Así como ves esto (plagado de gente) es todo el año igual.”Estimo que vivir en pleno centro atendiendo turistas, no es lo ideal. Pero quizás vivir a diez minutos en tren, sea perfecto. Es una nueva meta en mi lista. Vivir en la costa durante un tiempo, lo más cerca de cataluña posible..

Un lugar para perderse: el Barrio Gótico

Uno para no perderse: el Palacio de la Música Catalana, es un sueño. Y el Hospital Sant Pau, por favor vayan!

Una bebida: piña colada

Una comida: mejillones al curry en La Musclería

Una vista: desde la Torre Sant Jaume

Un café: el de las hadas, en el Barrio Gótico

Un restó: Los cuatro gatos, emblema de Barcelona

Un momento: el atardecer en la terraza de La Pedrera